EL CABALLO DE TROYA

La ciudad de Troya me recuerda el cuerpo de un recién nacido: gracias a la cooperación de otros pueblos asiáticos los troyanos defendieron su territorio durante 9 ó 10 años de los ataques griegos. Gracias al amor creador de su madre la primera célula se multiplica durante 9 meses y se libra de los límites en que la encerraba su proveedor natural para crear sus propios límites y sobrevivir como un ser único y diferente.

Troya deja entrar el caballo de madera como símbolo de haber ganado una guerra y se convierte en la causa de su destrucción; el recién nacido también deja entrar influencias externas y promesas de éxito que, con frecuencia, se convierten en un monstruo interior que lleva al ser humano a fracasar en su lucha por la vida.

Los troyanos fueron engañados por Sinón, que representa la astucia y el cinismo de los manipuladores que dicen sí o no en función de lo que interesa en cada momento: se presenta como desertor Víctima, luego como aliado Salvador sugiriendo que debían introducir en la ciudad el caballo que los griegos habían construido para que la diosa Atenea protegiera su retorno a Grecia y, aprovechando la fiesta y el sueño de los confiados ciudadanos, completa su traición como Perseguidor dejando salir del seno del caballo a los guerreros ocultos, que abrieron las puertas de la ciudad para que el resto de sus compañeros pudieran apoderarse de lo que ya no podía protegerse.

El cuerpo del ser humano, recién salido del seno de su madre, es también engañado por una educastración en cuyo seno están las fuerzas externas que se apoderan de dicho cuerpo para dirigir sus poderes hacia donde ellas desean: este poder destructivo interiorizado son los socializadores invasores, los educastradores que aprueban o suspenden desde objetividades falsas y dogmatismos rígidos, los que im-ponen la moral de moda e interesada de lo que debemos y no debemos hacer, los que dicen que nos quieren para luego traicionarnos, los que aparentan impotencia y retirada para destruirnos, los que controlan nuestros intercambios para aprovecharse de nuestros sueños y falsos éxitos o victorias.

Gracias a las mentiras y creencias o valores que la educastración ha puesto en nuestra propia mente, los otros han conquistado nuestro cuerpo sin necesidad de destruir ninguna célula o muralla, logrando que nuestra energía vital esté al servicio de caprichos y locuras de no se sabe bien qué autoridades. Se nos transmiten conocimientos, desconociendo los que ya tiene nuestro propio cuerpo y descalificando los que surgen de nuestra propia mente, sintiéndonos cada vez más impotentes y sin calidad de vida.

El lenguaje y la cultura dominante nos limitan, incluso antes de nacer, con las expectativas y juicios o valoraciones de los otros. Creemos que somos lo que nuestra mente nos dice que somos sin darnos cuenta que eso es lo que los otros dijeron para hacernos depender de su aprobación y falsa seguridad. ¿Es posible una educación a favor del ser humano en la que podamos ganar todos y acabar con las guerras y rivalidades dualistas entre cuerpo o mente, troyanos o griegos, izquierdas o derechas, vecinos o inmigrantes, hombres o mujeres, Real Madrid o Barcelona? ¿Es posible disfrutar todos la vida como un juego de triunfadores, para no sentirnos perdedores por querer ser siempre ganadores?

“Creemos que somos
lo que nuestra mente nos dice que somos
sin darnos cuenta que eso es lo que los otros dijeron
para hacernos depender de su aprobación y falsa seguridad”.
 

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