YO SOY AQUEL… YO NO SOY ESA…

Hemos podido ver en algunos debates lo fácil que es sacar de las casillas a alguien con sólo poner un calificativo después de “tú eres…”. Hemos visto que se pierden los papeles y se demuestra un escaso autocontrol ante un simple insulto de otra persona. Teniendo en cuenta la trascendencia social de ciertos comportamientos, sugiero a los políticos, que quieran representarnos, que mejoren su asesoramiento para no ofrecernos modelos tan peligrosos a los ciudadanos. A menos autocontrol más dependientes somos de buscar el control del poder, que es el enemigo de la libertad. En un sistema democrático se prioriza el poder del autocontrol, que es lo que nos permite ser libres e íntegros, pero en los sistemas no democráticos todos los recursos materiales y humanos se ponen al servicio de personas antihumanas que sólo buscan el control del poder sobre los que no están en su grupo o partido político.

Los debates, como algunas canciones, influyen mucho en nuestra cultura y comportamientos cotidianos. Cuando alguien canta “yo soy aquel que cada noche te persigue, que por quererte ya no vive… el que quisiera ser dueño de tu amor”, se está dando una identidad falsa a sí mismo y espera del otro que le complemente, actuando como esclavo perseguido por un amor cadavérico. Rechazamos que hayan tantas mujeres asesinadas por sus parejas y, al mismo tiempo, nos alegramos escuchando y cantando mensajes facilitadores de la violencia.

Es preferible la canción que dice “yo no soy esa que tú te imaginas”, porque nos está dando un dato muy protector para disfrutar de amores más satisfactorios: si uno se sale de su mente puede sentir un amor placentero y orgásmico de calidad, pero si ama lo que está en su mente o en su imaginación, sólo puede disfrutar de amores cada vez mas-turbados y solitarios.

En la Escuela de Ecología Humana aplicamos este axioma claro: “tengo una mente, pero no soy la mente que tengo”. Por eso si digo “soy guapo” o escucho “tú eres feo”, puedo estar seguro que las dos cosas son mentiras, porque ambos calificativos son sólo ideas que están en mi mente o en la mente del otro. Y estar a favor de la verdad nos protege de mentiras para no ponernos de rebajas, identificándonos con ideas propias o ajenas. Tenemos ideas pero no somos las ideas que tenemos… y por eso podemos cambiar lo que pensamos y escuchar lo que piensan otros para aprender a convivir mejor en esta sociedad.
 

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