¿DEBATE PARA COMPETIR O DIÁLOGO PARA COOPERAR?

La palabra debate está de moda y la asociamos a combate, golpe, bate, discusión, imposición, batalla, controversia, moverse contra. La palabra diálogo está menos de moda y suele asociarse a acuerdo, ayuda, negociación, exposición, co-razón, conversación, bailar con. En nuestras relaciones, vemos que algunas personas tienden más a competir y otras a cooperar. Y a veces los que tienden a cooperar, pero no sienten orgullo auténtico, suelen decir que competir es importante pero sólo con uno mismo.

Muchos medios de comunicación coinciden ahora en hablar de los diferentes debates que se organizan. Su función recuerda a los circos romanos que servían para divertir a las masas, permitiendo incluso que algunos espectadores bajen a la arena y se sientan actores de la función que hay que representar. Pueden ser más divertidos o más aburridos, pero no podemos cerrarlos ni cuando terminan, porque de inmediato siguen más debates e interpretaciones sobre los posibles ganadores o perdedores… como si la vida se resumiera en debatir y competir.

Esta situación nos puede llevar a pensar que hay muchas más personas orientadas a competir que a cooperar. No sólo porque se piensa que la única salida a la crisis es mejorar la competitividad, sino porque nuestra cultura está basada históricamente en luchas, golpes, imposiciones y violencias para sobrevivir.

Hasta los intelectuales y los científicos parecen no estar a favor de la cooperación para denunciar las injusticias y evitar las pérdidas o las crisis, sino de defender intereses económicos, que se ocultan en actividades sociales para ayudar a los que no pueden competir. Muchos hechos parecen apoyar la idea de que la llamada ley de la selva se aplica también a la especie humana y por eso se ve lógico que la ciencia sobreviva ayudando a sobrevivir a los más fuertes y poderosos, ya que no se suele considerar científico lo que está a favor de la paz y de la compasión de compartir las carencias creadas por los que no quieren dejar de competir.

Es como si dominara la creencia de que es necesario mentir y hacer daño a otros para ganar, tanto en las dictaduras como en los sistemas democráticos, pero adaptando los medios que se emplean al contexto del momento histórico.

Por mi parte, voy a seguir rechazando las invitaciones a participar en debates en los que me ponen como condición defender sólo al bando al que pertenezco y atacar sin piedad a los que se ponen enfrente. Me siento orgulloso de que mi inteligencia me ayude a saber perder, hasta la razón cuando creo que la tengo, para disfrutar de cooperar y de negarme a competir hasta conmigo mismo, porque no estoy dispuesto a luchar por fines que me exigen aplicar medios violentos o dañinos para mí y para otras personas. Y, por supuesto, voy a seguir priorizando relacionarme con las muchas personas que, aunque no aparezcan tanto en los medios de comunicación ni ganen debates, prefieren la cooperación y el respeto para compartir el orgullo de ser lo que somos: creadores, amorosos, libres y felices de vivir en armonía con nuestra naturaleza humana.
 

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